Hay un tipo de frustración muy silenciosa entre los guitarristas que vienen de la escuela clásica o académica.
La conozco bien, yo estuve ahí más de 10 años, con título universitario y todo.
Podía tocar piezas enteras, resolver pasajes difíciles, memorizar estudios, leer partitura, pasar horas perfeccionando la técnica… pero había algo que no ocurría...
llegó un momento en el que acepté una verdad incómoda:
NO SABÍA MÚSICA.
¿leíste bien? NO-SA-BÍ-A-MÚ-SI-CA.
No la sabía, la entendía intelectualmente pero no la saboreaba, no la sabía.
No tenía sabiduría musical, solo toneladas de información y un poco más de conocimiento, pero no sabiduría.
SENTÍA QUE ERA UN ANALFABETO DEL LENGUAJE MUSICAL CON UN TÍTULO UNIVERSITARIO BAJO EL BRAZO.
BACH, JOAQUÍN RODRIGO, BRITTEN, BROUWER y tantos otros, estaban bajo mis dedos y mi memoria muscular, pero no entendía la música, no la escuchaba, no podía acompañar una canción "de oído", y eso me resultaba raro, me molestaba, me daba rabia.
Podía tocar…pero no podía JUGAR
Me sentía un perfecto, pulido y técnico "LORO MUSICAL", que repite lo que otros hablaron en el pasado y registraron con puntitos en una hoja, pero que no entiende lo que dice ni mucho menos puede decir algo propio.
Yo quería HABLAR LA MÚSICA.
No quería ser un guitarrista que repite por fonética o porque "sabe leer música"
Sabía mover los dedos, pero sentía que la música —mi música— todavía no aparecía.
Me sentía "técnico en guitarra" como quien dice, sos "técnico electricista", y yo quería ser MÚSICO, pero no me sentía como tal.
Lo que mi mundo interior cantaba no encontraba forma en el instrumento.
Y eso duele, porque no es un problema de capacidad:
es un problema de lenguaje, o mejor dicho, es un problema de FALTA DE LENGUAJE.
No de conocer el lenguaje en el pizarrón, en la teoría, sino de ENCARNAR EL LENGUAJE A TIEMPO REAL EN EL INSTRUMENTO, eso era lo que quería, y tomé una decisión:
"EMPIEZO DE CERO"
"DE LA GUITARRA A LA MÚSICA" nace para trabajar exactamente ese punto y compartir lo aprendido e investigado con otros guitarristas que sienten la misma frustración que yo sentí y quieren una alternativa y se animan a también "empezar de cero" desde el juego y la mente que explora y se divierte.
Es dejar de "ser guitarrista", para ser un músico que elige la guitarra como instrumento.
Es una vuelta al origen del lenguaje, a las bases, a los fundamentos en los que se apoya la música sin importar si se trata de jazz, blues, clásico, o folclore.
Es una propuesta para ayudarte a salir de la cárcel de la técnica sin alma, y entrar en un espacio donde la música vuelve a ser un territorio propio, vivo, disponible, y donde nos autorizamos y damos permiso a "Empezar de cero"
…Y en ese empezar de cero, descubrí algo que no esperaba:
no era un solo camino lo que necesitaba, sino tres que se potenciaban entre sí.
La improvisación políglota, el pensamiento sistémico y el pensamiento visual.
Tres herramientas que por separado ya eran valiosas…
pero juntas fueron un antes y un después.
Y quiero contarte por qué, desde mi vivencia. No como verdad absoluta. Solo como lo que a mí me pasó.
La improvisación fue, para mí, volver a jugar con la música.
Volver a escuchar en tiempo real.
A equivocarme.
A responder.
Es el espacio donde uno empieza a hablar el idioma, aunque sea con pocas palabras.
Y por eso la llamo improvisación "políglota", por un lado porque es una improvisación que se vale de los elementos básicos y que por eso, es para todas las músicas, da igual si es jazz, blues, pop, folclore o tango, las bases del lenguaje y la posibilidad de jugar es para todos por igual.
Y por otro lado, por mi propia experiencia aprendiendo idiomas de manera autodidacta, natural, sin gramática, utilizando una técnica políglota arrolladora que se llama "Imput Comprensible", que luego de corroborar su eficacia la adopté como principio rector de mi aprendizaje en el idioma musical, bajo la premisa de que "quiero hablar la música", de la misma manera que puedo "hablar un idioma", teniendo ideas propias que quiero expresar, y construyendo un lenguaje que las soporte en sonido.
Pero improvisar solo por improvisar no me alcanzaba:
me faltaba estructura, un mapa, algo que ordenara ese movimiento.
Ahí fue donde apareció el pensamiento sistémico.
Esta idea de que la música no son piezas sueltas, sino capas que se combinan.
Melodía, ritmo, armonía… trabajadas una por una, sí, pero siempre sabiendo que después iban a encajar entre sí.
Como ir armando bloques mentales, legos musicales que, con el tiempo, generan ese efecto compuesto:
"Lo que hoy practico en una cuerda después aparece cuando toco tres."
"La tríada que estudio aislada más tarde se convierte en el corazón de un acorde en una canción."
"El patrón rítmico que entreno con las manos después sostiene una melodía cantable."
El pensamiento sistémico me enseñó a ver la música como un ecosistema donde cada elemento tiene sentido cuando se conecta con los otros.
Y por último, llegó el pensamiento visual, que para mí fue el puente entre todo eso.
Un método para aislar elementos del lenguaje musical que antes se me mezclaban en la cabeza y tener foco en mis sesiones de práctica.
Un modo de dibujar la música para entenderla sin ruido, con foco.
De crear modelos visuales que me permitieran ver una tríada, ver una escala, ver el modo…
y cómo se relacionan.
Porque dibujar no es solo dibujar:
es ordenar la experiencia.
Es transformar algo complejo en algo claro, es ver el pensamiento.
Y ahí apareció este framework que tanto me ayudó y que ahora comparto en esta formación:
Propósito → Recolectar las piezas → Resolver el puzzle.
Propósito:
qué quiero lograr musicalmente (improvisar sobre I–V, crear una melodía en una cuerda, entender un modo).
Recolectar piezas:
tríada, escala, modo, ritmo, forma, posición en la guitarra.
Piezas pequeñas, manejables, trabajadas por separado.
Resolver el puzzle:
conectar esas piezas en un modelo visual propio, un mapa que me dice qué mirar, qué escuchar y qué tocar.
Y ese modelo… lo practico.
Lo ajusto.
Lo vuelvo a dibujar.
Y aparece la música.
Por eso estos tres caminos juntos —improvisación, pensamiento sistémico y pensamiento visual— funcionan.
Porque cada uno hace algo diferente, pero los tres juntos construyen una manera de pensar la guitarra y la música, una manera que a mi, me da libertad, porque me permite construirla.
No es aprender más.
Es aprender mejor.
Conectar lo que ya sabés con lo que todavía no aparece.
Yo necesitaba eso. No necesitaba avanzar por más, necesitaba "retroceder por menos".
Como ese retroceso cargado de fuerza potencial que la flecha necesita para ser disparada cuando esa fuerza es "liberada".
Quizás vos también querés "empezar de cero", porque cero no es empezar sin nada, es empezar vacío, vacío de todo lo que nos dijeron que es la música y de cómo se la aprende, para descubrir esas preguntas a lo largo de nuestra propia investigación y juego.
Si en tu interior hay algo que quiere sonar y todavía no encontró cómo, este taller es simplemente una invitación a empezar de cero…y comopartirte mis herramientas, para que con ellas hagas tu búsqueda.
Empezar de cero también es empezar liviano, y construir desde ahí.
Te espero adentro.
Marcos